Por Ricardo Zaleta Gea – Ingeniero Petrolero y Consultor en Energía

La nueva estrategia de Petróleos Mexicanos (Pemex) para reactivar pozos cerrados representa un giro pragmático en su modelo operativo. Ante la caída del 8.6% en su producción de crudo —que se ubica actualmente en 1.6 millones de barriles diarios—, la empresa busca asociarse con el sector privado a través de contratos de servicios que impulsen la recuperación de campos terrestres en Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.

Reactivar lo que aún tiene vida

La idea no es nueva, pero sí urgente. Pemex cuenta con más de 5,700 pozos en operación, y muchos otros permanecen improductivos no por agotamiento geológico, sino por la falta de inversión en mantenimiento, ingeniería y tecnologías de recuperación secundaria. Estos son precisamente los activos que el programa pretende revivir, con un arranque estimado en octubre próximo y una meta inicial de 400 pozos reactivados, generando 13,000 barriles diarios adicionales al cierre del año.

Desde un punto de vista técnico, los campos maduros siguen siendo un activo valioso si se abordan con una ingeniería adecuada. La aplicación de técnicas de inyección de gas, vapor o polímeros, así como la modernización de infraestructura de superficie, puede devolver a la producción volúmenes significativos a un costo marginal competitivo.

La clave no es solo volver a producir, sino hacerlo con una rentabilidad sostenida. Un campo maduro bien gestionado puede ser tan rentable como un campo nuevo, siempre que se aprovechen las curvas de declinación con metodologías actualizadas y se apliquen esquemas de optimización energética en los equipos de superficie

El rol del capital privado

El esquema de participación privada bajo contratos de servicios ofrece una solución equilibrada: las empresas asumirán el riesgo inicial (ingeniería, operación y mantenimiento) y serán remuneradas según los resultados del yacimiento. Esto permite a Pemex liberar presión financiera sin ceder la propiedad de los activos.

Ejemplos recientes, como el contrato firmado con Grupo Carso (Carlos Slim) para desarrollar el campo Ixachi en Veracruz, son un precedente de cómo la colaboración público-privada puede generar resultados inmediatos cuando se gestionan con transparencia y metas técnicas claras.

Pemex ante su década decisiva

La petrolera estatal enfrenta una de las etapas más críticas de su historia. Su plan de rescate a 10 años, presentado por las Secretarías de Energía y Hacienda, plantea fortalecer la inversión en proyectos operativos de alta rentabilidad. Sin embargo, más allá de la estrategia macroeconómica, el verdadero desafío está en la ejecución técnica y la eficiencia operativa.

El rescate de Pemex no dependerá solo del precio del crudo o del apoyo fiscal, sino de su capacidad para adaptarse a esquemas colaborativos modernos. Las alianzas con empresas privadas pueden ser un punto de inflexión si se enfocan en campos con rentabilidad comprobada y bajo una supervisión técnica rigurosa

En el contexto global, donde la transición energética avanza pero el petróleo sigue siendo el motor de las economías emergentes, México tiene la oportunidad de convertir sus campos maduros en laboratorios de eficiencia y sostenibilidad.

La apertura de Pemex al sector privado no es una concesión, sino una estrategia inteligente de supervivencia y optimización. La colaboración con capital privado no debe verse como una pérdida de soberanía, sino como una alianza técnica que puede devolver competitividad a una empresa emblemática para el país.

Reflotar la producción no solo significa más barriles, sino recuperar confianza en la ingeniería mexicana aplicada al sector energético